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martes, 11 de octubre de 2016

Carta al maestro Velázquez (2)


Carta al maestro Velázquez (2)

Mi querido maestro,

Deberás disculparme por el tiempo que he tardado en volver a escribirte de nuevo.
Me gustaría decir, que he estado ocupado con temas de la galería, pero, en el fondo no es por eso. Hoy el mundo del arte está muy revolucionado por unas “nuevas tendencias” que incluso a mi me cuesta entender y a consecuencia de ello,  a los que amamos y exponemos pintura en nuestras salas, estamos condenados al olvido. Creo que te harías cruces si aparecieras en nuestros tiempos.

En mi última misiva te comentaba que me gustaría recordar tus viajes a Italia. Tuviste la suerte de conocer al maestro Rubens en su estancia en España en 1628 que venía a hacer unas gestiones diplomáticas y estuvo pintando también al rey Felipe IV. A mi, particularmente me gustan más los tuyos. Él pintaba al rey de modo alegórico y tú representabas al rey con la esencia del poder. Me imagino las discusiones que tendrías entre ambos durante ese año que Rubens se quedó en España. Y te quedaría el gusanillo de seguir conversando con él y otros pintores de la época y le solicitaste al rey que te enviara a Italia y completar tus estudios.

Felipe IV Rubens


Este viaje a Italia representó un cambio decisivo en tu pintura. Desde el siglo anterior muchos artistas de toda Europa viajaban a Italia para conocer el centro de la pintura europea admirado por todos, un anhelo compartido por ti también. Además, tú eras el pintor del rey de España, y por ello se te abrieron todas las puertas, pudiendo contemplar obras que sólo estaban al alcance de los más privilegiados.

Fue, en aquel verano de 1629 cuando te embarcaste para Italia desde Barcelona y en agosto llegaste a Génova. Eso si, viajaste como un marqués. Con tu criado y con más de 400 ducados y el sueldo de dos años en el bolsillo. De allí te fuiste a Venecia a conocer la obra deTintoretto, pero como por allí estaba todo muy revuelto te fuiste a Ferrara a conocer la obra de Giorgione, que no creo que te influyera demasiado, según mi modesta opinión.

Y finalmente llegaste a Roma.  El cardenal Francesco Barberini, a quien habías tenido ocasión de retratar en Madrid, te facilitó la entrada a las estancias vaticanas, en las que dedicaste muchos días a la copia de los frescos de Miguel Ángel y Rafael. Después te trasladaste a Villa Médici en las afueras de Roma, donde copiaste su colección de escultura clásica. No sólo estudiaste a los maestros antiguos; en aquel momento se encontraban activos en Roma los grandes pintores del barroco. Vaya, una gozada !


Fue en la Villa Medici, donde pintaste dos pequeños cuadros de lo más exquisito que no paro de admirarlos cuando voy al museo del Prado.  La novedad de estos paisajes radica no tanto en sus asuntos como en su ejecución. Los estudios de paisajes tomados del natural eran una práctica poco frecuente, utilizada sólo por algunos artistas holandeses establecidos en Roma. 

Vista del jardín de Villa Medici, 1630


Un añito te quedaste en Roma y regresaste a Madrid pasando por Nápoles para pintar a la Reina de Hungría y de paso conociste a José de Ribera que estaba en aquel momento en plena plenitud pictórica.

Reina de Hungría


De tu viaje a Italia, llegaste cual corcel que nadie te paraba los pies. Un cambio en tu manera de pintar que sorprendió a todos quienes te conocían. De hecho, ya te esperaban en la corte para que pintaras al Príncipe Baltasar Carlos que había nacido durante tu estancia en Italia. Creo recordar, que fueron seis veces que le pintaste !

Príncipe Baltasar Carlos con un enano


En 1631 entró en tu taller Juan Bautista del Mazo un apuesto mozo de 20 años que dos años más tarde se casaría con tu hija Francisca, y que tu, listo como eres, enseguida le proporcionaste el cargo de ujier de cámara para asegurar el futuro económico de tu hija.

Participaste en los dos grandes proyectos decorativos del periodo: el nuevo Palacio del Buen Retiro, impulsado por Olivares, y la Torre de la Parada, un pabellón de caza del rey en las proximidades de Madrid.
Para el Palacio del Buen Retiro, hiciste entre 1634 y 1635 una serie de cinco retratos ecuestres de Felipe III y de Felipe IV, las esposas de ambos y el príncipe heredero. Estos decoraban los extremos del gran Salón de Reinos concebido con la finalidad de exaltar a la monarquía española y a su soberano. Para sus muros laterales se encargó también una amplia serie de lienzos con batallas mostrando las victorias recientes de las tropas españolas. Y allí te marcaste , La rendición de Breda, el llamado también cuadro de Las Lanzas.

La rendición de Breda


Me imagino que cuando mejor te lo pasarías pintando sería cuando hiciste también para el Palacio del Buen Retiro la serie de los enanos y de los bufones. Siempre he dicho que pintaste con igual dignidad a los enanos que a los reyes.  Mucho se ha escrito sobre estas series de bufones en las que retrataste compasivamente sus carencias físicas y psíquicas. Resueltos en unos espacios inverosímiles, pudiste en ellos realizar experimentos estilísticos con absoluta libertad.


Bueno, mi querido maestro y amigo. Se han quedado todavía muchas cosas en el tintero y pronto me dirigiré de nuevo a ti para comentar otros episodios de tu vida. Como el retrato del Papa Inocencio, y de tu cuadro de las Meninas que en ese hay mucho que contar y quizá se merezca una carta especial.
Salúdame como de costumbre a tu encantadora esposa Juana y ya sabes, siempre tuyo y ferviente admirador.

Alejandro


martes, 1 de diciembre de 2015

Vieiras al azafrán



Los pectinidos, más conocidos como vieiras son unos moluscos de carne deliciosa y están presentes en todas las gastronomías, tanto orientales como occidentales. Existen gran variedad de pectínidos pero la que normalmente consumimos es la Pectem jacobaeus, nombre taxonómico que recibe por su concha que era llevada por los peregrinos en el camino de Santiago.

Se requiere una limpieza adecuada ya que habrá que limpiarla de todas sus membranas y lavarlas a conciencia ya que siempre suelen llevan arena. También se pueden ya comprar limpias y/o congeladas. El tamaño si importa, cuanto más grande sea su carne mejor, ya que con el calor tienden mucho a menguar. No hay que confundirlas con las  zamburiñas ( Chlamys varia ), también exquisitas pero de menor tamaño.



En el ingenioso y divertido libro Notas de cocina de Leonardo da Vinci se dice que Leonardo compartía ilusión y trabajos con Sandro Botticelli en una cantina a la entrada del Ponte Vecchio de Florencia. Aquél supondría, sin duda, un escenario ideal para que dos jóvenes creativos fabulasen aplicaciones culinarias a moluscos de todo tipo, ostras, almejas y vieiras incluidas, comprobando la satisfacción que produce el penetrar a las delicias encerradas en sus conchas. Lo imaginamos. Pero lo que en verdad sabemos es que en 1484 Sandro, ya con 40 años, pintó el más famoso de los cuadros que hacen referencia al nacimiento de Venus, representando a la diosa del amor, la belleza y el deseo carnal surgiendo de una venera, o concha de vieira.


Sandro Botticelli (Alessandro di Mariano Filipepi, Florencia, 1445 -1510) no se cuenta entre los grandes innovadores del Renacimiento, sino que se inscribe más bien en un grupo de pintores que rehuyó el realismo a ultranza y se inclinó por un estilo basado en la delicadeza, la gracia y un cierto sentimentalismo.



El Nacimiento de Venus fue pintado para un miembro de la familia Médici, para decorar uno de sus palacios de ocio en el campo. El tema mitológico era habitual en estos emplazamientos campestres, surgiendo imágenes como la Primavera o Venus y Marte. Venus es la diosa del amor y su nacimiento se debe a los genitales del dios Urano, cortados por su hijo Cronos y arrojados al mar. El momento que presenta el artista es la llegada de la diosa, tras su nacimiento, a la isla de Citera, empujada por el viento como describe Homero, quien sirvió de fuente literaria para la obra de Botticelli. Venus aparece en el centro de la composición sobre una enorme concha; sus largos cabellos rubios cubren sus partes íntimas mientras que con su brazo derecho trata de taparse el pecho, repitiendo una postura típica en las estatuas romanas de las Venus Púdicas. La figura blanquecina se acompaña de Céfiro, el dios del viento, junto a Aura, la diosa de la brisa, enlazados ambos personajes en un estrecho abrazo. En la zona terrestre encontramos a una de las Horas, las diosas de las estaciones, en concreto de la primavera, ya que lleva su manto decorado con motivos florales. La Hora espera a la diosa para arroparla con un manto también floreado; las rosas caen junto a Venus ya que la tradición dice que surgieron con ella.

Las formas de cocinarlas son muy abundantes, y cada maestrillo tiene su librillo.
En Galicia, es habitual comerlas al horno con un sofrito de tomate, pimiento, ajo y cebolla para gratinarlas luego con pan rallado. También, es normal comerlas en empanada, aunque para esta receta, es más habitual usar las zamburiñas.

Yo lo que hoy os presento es con una salsa de azafrán.
El azafrán y la veira son dos aliados perfectos.

Empezaremos limpiando bien las vieiras y separando su coral.

En un sauté saltearemos la parte blanca del puerro cortado en una brunoise muy fina con mantequilla, añadiremos a continuación los corales de las vieiras.



 Transcurridos un par de minutos añadiremos vino blanco, a ser posible un Albariño. Cuando haya evaporado todo el alcohol añadiremos unas hebras de azafrán y seguiremos cocinando casi hasta su evaporación.


 A continuación añadiremos crema de leche y dejaremos reducir. Colaremos la salsa y la mantendremos templada.

A continuación, sellaremos en una sartén la carne de las vieiras muy ligeramente para que no queden secas.

Se puede emplatar de muchos modos, pero el que hoy he hecho es el siguiente.





martes, 3 de noviembre de 2015

Carbonade Flamande, Marcel Broadthaers y más consideraciones



Todo empezaba el pasado miércoles tras el concurso Top Chef. Había que preparar un plato a base de cerveza y curiosamente, o por desconocimiento,  nadie preparó el más clásico de los guisos belgas. La Carbonade Flamande.


Se puede preparar como el fricandó con finos filetes o bien como un estofado con trozos más grandes. Particularmente, me gusta más este segundo modo. Los ingredientes serán los mismos, aunque su cocción a modo de estofado, lógicamente es más lenta. Y para preparar la receta para el televisivo concurso la primera, sin lugar a dudas hubiera sido un plato ganador.

Pero antes de ir con la receta,  hablaré, mejor dicho, escribiré algo sobre la cocina belga. La cocina belga, por proximidad, tiene mucha influencia buena con la cocina francesa, y otra no tan buena con sus vecinos del norte.
Se dice de los belgas, que les gusta comer como a los franceses pero con las cantidades de los alemanes.
De sus vecinos franceses, trabajarán y cultivarán con esmero las endivias, los guisos de caza o de vacuno y su pasión por los postres. Dando principal importancia a la fabricación de exquisitos chocolates.
De sus vecinos del norte vendrán sus innumerables platos de patatas. Siendo las patatas fritas, el acompañamiento más habitual de la mesa belga. También ahumarán  y encurtirán anguilas y arenques. Pero si existe algo que va de la mano con Bélgica son los mejillones. Tanto en la parte flamenca como en la valona harán de ellos su buque insignia de la gastronomía. Tanto que hasta se han erigido monumentos con ellos, y que su insigne artista Marcel Broadthaers ha llenado de ellos todos los museos del mundo.



Marcel Broadthaers

Artista belga, nacido en Bruselas el 28 de Enero de 1924. En 1942, entra en la universidad para estudiar química pero lo abandona para dedicarse a la poseía. Comienza a integrarse en la comunidad literaria, artística y política. Sus artistas más admirados entonces son Mallarmé y Magritte. A finales de los años cincuenta, publica su primer volumen de poesía y realiza distintos trabajos para mantenerse, a pesar de lo cual vive en la pobreza. En 1959, presenta un conjunto de películas agrupadas bajo el título Poésie Cinéma y realiza una performance. A principios de los años sesenta hace crítica de arte y califica al arte Pop americano como la expresión del sistema económico. En 1963, escayola 50 ejemplares de su última colección de poemas y los expone como una escultura. Con esta pieza encuentra un nuevo modo de hacerse entender y a partir de entonces fabrica objetos a partir de objetos corrientes y naturales. En 1968, se enfrenta al desarrollo del arte minimal y conceptual; participa en performances y acciones pero pronto se desliga de todo y crea en su propia casa la primera manifestación del museo itinerante, que duraría cuatro años. Se instala en Dusseldorf, al tiempo que su fama empieza a extenderse, y participa en la Documenta 55 de Kassel. En 1973, se instala definitivamente en Londres y muere en 1976 en Colonia. "Su influencia ha seguido aumentando. Todos los museos que han organizado retrospectivas se ha encontrado con el mismo problema: el de exponer la obra de un artista que había hecho de la propia exposición un medio de expresión artística, y cada vez de una manera diferente" .
 ( texto extraido de www.mcmbiografias.com )




Recuerdo cuando Manuel Borja-Vilell fue nombrado director del MACBA de Barcelona, nos invitó a un grupo de galeristas y agentes culturales de la ciudad para presentarnos como vertebraría la colección del Museo. Nos comentó que el eje principal de la colección sería entorno a la figura y a la obra de Marcel Broadthaers.
Creo recordar, que le pregunté si en Bruselas o en Gante o en Amberes, articularían su colección entorno, por ejemplo a Joan Brossa. No tuve respuesta alguna.

Pero vayamos ahora a la receta de La Carbonade Flamande, aunque como bien reza mi blog es " de arte y gastronomía" y a su nomenclatura me debo.



Como decía al principio,  la receta que comentaré es a modo de estofado. Para ello utilizaremos unos buenos trozos de ternera, del morcillo o del cuello ( carne para guisar ) que sellaremos bien en una cocotte, los retiraremos y añadiremos una buena cantidad de cebolla roja cortada en juliana. Cuando la cebolla haya cogido color añadiremos de nuevo la carne y una cucharadita de harina que tostaremos bien. Añadiremos hasta cubrir cerveza. Yo suelo utilizar cerveza algo tostada, pero cualquier cerveza serviría. Tapar y dejar cocer a fuego lento. Pasados unos minutos añadir una piel de naranja y unas rebanadas de pan de especies embadurnadas con mostaza de Dijon.


Si no encontrarais el pan de especies, usar unas galletas de jengibre o galletas especiadas ( de las inglesas ). Eso le dará un particular sabor especiado al guiso. El pan en pocos minutos se habrá integrado con la salsa y será el momento de poner el guiso en el horno añadiendo un chorrito de licor de naranja, Curaçao, Grand Marnier o Cointreau.
Dejar en el horno hasta que la carne esté tierna. Una hora o hora y media.

Servirlo acompañado de unas rebanadas de pan de especias y unas patatas fritas para contentar si tenéis algún belga en la mesa.





martes, 24 de marzo de 2015

Giovanni Bellini, Vittore Carpaccio y Giuseppe Cipriani





Estos tres personajes están unidos entre si por las representaciones gastronómicas creadas en el Harry's Bar de Venecia.

- Ha pasado ya mucho tiempo desde aquella tarde de 1930, en plena crisis económica mundial, cuando Giuseppe Cipriani, desde la barra del Hotel Europa de Venecia, vio entrar a Harry Pickering junto a su tía y al amante de ésta. Tres clientes estadounidenses que hablaban poco, apenas salían del hotel y que, aunque precisamente el motivo del viaje era tratar el alcoholismo de Harry, pasaban las mañanas en la terraza y las tardes bebiendo los cócteles que preparaba el barman. Giuseppe Cipriani era barman desde hacía poco tiempo. Siempre había trabajado de camarero en restaurantes, pero su nuevo jefe le había dicho que su futuro estaba detrás de una barra porque sabía encontrar siempre el tono justo en el trato con el cliente.

Meses más tarde, cuando vio durante varios días a Harry sentarse sólo en la barra, más taciturno todavía que de costumbre y sin la intención de pedir alcohol, no pudo evitar preguntarse qué había ocurrido. Pese a su curiosidad decidió esperar hasta que Harry le hablara. Le contó que su tía se había largado con su amante sin avisar y le había dejado en Venecia lleno de deudas que no podía saldar. Había pensado en escaparse, en huir de Italia dejando todas las deudas con el hotel pendientes, pero no era capaz, así que simplemente dejaba pasar el tiempo esperando encontrar alguna solución. Unos años antes, en San Remo, Giuseppe había tenido ya una mala experiencia con un cliente al que dejó dinero y no volvió a ver, pero Harry le inspiraba confianza y decidió prestarle casi todos sus ahorros: 10000 liras de la época. Con este dinero y con la promesa de devolvérselo, Harry pudo saldar todas sus deudas y regresar a Estados Unidos.

    Ernest Hemingway en Harry' Bar

Pasado casi un año, Giuseppe había perdido la esperanza de volver a ver su dinero, sin embargo, una tarde de febrero de 1931, Harry Pickering entró por la puerta del bar del Hotel Europa. Su propósito no era únicamente devolver a Giuseppe el dinero prestado y cumplir su palabra, sino darle 30000 liras más en señal de agradecimiento. Con este dinero Giuseppe pudo llevar a cabo su sueño de abrir su propio bar en la calle Vallaresso, cerca de la Plaza San Marcos, céntrico pero sin paso de turistas. En honor a su amigo le llamó “Harry´s Bar”. Desde entonces se ha convertido en un lugar de culto y en centro de atracción. Por él han pasado artistas como Ernst Hemingway, Somerset Maughan, Orson Welles, Maria Callas, Truman Capote o Charles Chaplin. En la barra del Harry´s, local que conserva su estética original y decadente, destacan sus dos creaciones más conocidas: el cóctel bellini y el carpaccio.

                       Retrato del Dogo Loredano. Giovanni Bellini

Giovanni Bellini
(Venecia, Italia, h. 1430 - 1516) Pintor italiano. En la pintura italiana de la segunda mitad del siglo XV alcanzó especial renombre Giovanni Bellini, impulsor de la escuela veneciana y famoso pintor de madonnas, que creó un lenguaje pictórico basado en la fusión de la figura humana con el paisaje, dando gran importancia a la luz y al colorido.

También llamado Giambellino, nació en el seno de una familia de pintores; su padre, Jacopo, dibujante y discípulo del florentino Gentile da Fabriano, desempeñó un importante papel como introductor de la estética renacentista en Venecia. Su hermano Gentile fue un importante retratista que colaboró con él en la decoración del palacio ducal e incluso viajó a Constantinopla a retratar a su sultán.

Las primeras obras de Bellini, realizadas con la técnica del temple, salieron del taller paterno, lugar de aprendizaje, trabajo y formación hasta que marchó a Padua, hacia 1460. Allí conoció al pintor Andrea Mantegna, su futuro cuñado, de quien aprendió a dominar el dibujo, como puede verse en Oración del huerto de los olivos, y a quien a su vez enseñó la luz de la escuela veneciana. Bellini era por entonces un gran paisajista, virtud que transmitió años después a los discípulos de su taller. Hacia mediados de la década de 1470 pintó el famoso políptico de San Vicente Ferrer, en la iglesia de los Santos Juan y Pablo de Venecia. En esos años murió su padre, cuyo taller dirigió desde entonces Giovanni.

La llegada a Venecia del pintor siciliano Antonello da Messina, conocedor de la técnica del óleo utilizada en Flandes por Jan van Eyck, permitió a Bellini profundizar en aquélla y desarrollar mayores virtuosismos que con la utilización del temple, como en su Transfiguración del museo napolitano de Capodimonte. A principios del XVI, su relación con discípulos como Tiziano lo hizo suavizar su pintura, perdiendo los rasgos angulosos de Mantegna (Madonna de Brera, en Milán). Murió en 1516, en su ciudad natal, dejando en marcha la escuela veneciana, de amplia resonancia durante todo el Cinquecento.


                     Bellini Original Harry's Bar

Como empezaba diciendo, Giuseppe Cipriani fue el creador de esta bebida en el Harry’s Bar de Venecia en 1945, catorce años después de abrir este pequeño local en el borde del Gran Canal, no lejos de la Plaza de San Marcos. Cipriani dedico su cóctel al pintor veneciano del siglo XV, Giovanni Bellini, debido a la tonalidad rosada de la bebida y la afición del pintor por usar rosas en sus lienzos.

Aficionados de todo el mundo peregrinan a la cuna del Bellini para probar la receta original. Los melocotones  blancos (paraguayas )se consiguen en temporada en Italia a partir de mayo hasta septiembre, y sólo con esos melocotones se preparará dicho cocktail, haciendo un puré con ellos y azúcar y añadiendo 2/3 partes de Proseco. He visto auténticas barbaridades preparando este cóctel, la más común de ellas partiendo de zumo de melocotón en conserva.

    Visiones de San Agustín. Vittore Carpaccio

Vittore Carpaccio
(Venecia, 1460-id., 1526) Pintor renacentista veneciano. Las principales creaciones de este pintor de la escuela veneciana son los cuatro ciclos dedicados a santa Úrsula, san Jerónimo, la vida de la Virgen y la vida de san Esteban, algunos de ellos actualmente dispersos o desaparecidos. Gentile Bellini (1429-1504) y Antonello da Messina (1430-1479) fueron los pintores que mayor influencia ejercieron sobre la obra de Carpaccio, cuyas creaciones se caracterizan por el interés en la realidad circundante y por un elevado detallismo. La introducción de Venecia en sus escenas lo convierte en el primer gran pintor de vedute (vistas), tema pictórico relativo a dicha ciudad que gozó de gran popularidad y tradición posterior. La recuperación de Carpaccio en el siglo XIX se debió al influyente crítico británico John Ruskin, quien admiró la precisión en el estudio de la arquitectura y la luminosidad en la representación de la atmósfera presente en las creaciones del veneciano.


Parece ser que el carpaccio nació a raíz de la visita que la condesa Amalia Nani Mocenigo hizo al Harry´s Bar. La condesa le contó a Giuseppe que su médico le había diagnosticado anemia y le había prescrito una dieta a base de carne cruda. Cipriani entonces, cortó unas finas lonchas de ternera cruda y las condimentó con una crema a base de mayonesa, leche, limón, salsa Worcester y sal. Bautizó al plato con el nombre de carpaccio, en honor a su admirado pintor del Quattrocento, del cual se celebraba una exposición en Venecia por aquellos días y cuyos tonos rojizos le fascinaban. El Harry`s Bar debe de ser el único sitio donde todavía son fieles a esta fórmula, con mínimas variaciones, tan alejada de los carpaccios que sirven los restaurantes hoy en día.

   Carpaccio Harry's Bar

Mi fórmula de aderezo del Carpaccio, es bastante parecida a la del Harry's Bar. Yo hago una emulsión con mostaza de Dijon, limón y aceite. A continuación le añado Salsa Worcestershire (Perrins). Consigo una textura de mayonesa sin poner huevo.
Me gusta añadir por encima unas hojas de rúcula que habré aliñado con aceite y limón, y unas lascas de Parmiggiano.

  Mi Carpaccio


martes, 17 de marzo de 2015

Vol au vent de lenguado y gambas, Salsa Mornay

    
     La libertad guiando al pueblo Eugène Delacroix 1830

Esta receta tiene tres puntos en común y un legendario restaurante parisino, Le Grand Véfour.
Los protagonistas son primero el insigne cocinero Marie Antoine Carêne, creador del vol au vent, un ilustre cliente del restaurante  Le Grand Véfour, el Conde Charles de Mornay y por último la relación de este con el insigne pintor Eugène Delacroix.




Marie Antoine Carêne

Carêne es uno de los más grandes cocineros de la historia, Marie-Antoine Carême -quien, aunque su nombre parezca indicar otra cosa, fue un varón nacido en París en 1783 y fallecido en la misma ciudad en 1833- inventó, entre otras muchas cosas, esos pastelitos de hojaldre rellenos antes tan frecuentes en aperitivos y cócteles y hoy casi olvidados llamados, en español, volovanes, del francés vol-au-vent.

Al parecer, un día este maestro cocinero, que trabajó para el príncipe de Talleyrand, el zar Alejandro I, el que luego sería Jorge IV de Inglaterra, el príncipe Sterhazy y el barón Rothschild, tuvo la idea de hornear unos pastelillos usando una masa de hojaldre en lugar de la habitual pasta brisa; cuando salían de horno, uno de sus ayudantes, admirado de la ligereza de esa pasta, exclamó: "elle vole au vent!" (¡vuela al viento!), de donde procede su nombre actual.

                  
                  Retrato de Charles de Mornay por Eugène Delacroix

El Conde Charles de Mornay

Era un político francés, diplomático y coleccionista de arte, de hecho era una de los clientes habituales de Le Grand Vefour y el restaurante le brindó el nombre de una de las salsas creadas en sus cocinas.
Mantuvo una estrecha relación con Eugène Delacroix con quien a instancias del nuevo rey Louis Philippe, y con el consejo de la amante de Charles de  Mornay , Mademosielle Mars, partieron  de viaje juntos al norte de África.

La amistad con Delacroix durará hasta la muerte del artista. De su participación conjunta en la misión de Marruecos, Delacroix realiza un álbum de acuarelas que se lo regalará a su amigo el conde de Mornay y que so lo llevará a Estocolmo donde posteriormente fue destinado.



Y finalmente el legendario restaurante le Grand Véfour Situado en los preciosos jardines del Palais Royal, que abrió sus puertas en 1784 de la mano de Antoine Aubertot con el nombre de Café de Chartres. En 1820, fue adquirido por Jean Véfour que tras un breve periodo de tiempo se lo vendió a Jean Boissier, aunque el nombre de este restaurante permanece hasta nuestros días.
El local estuvo cerrado de 1905 hasta 1947, y en su reapertura, fue Jean Cocteau quien diseño la carta del menú. Desde sus inicios un nutrido y selecto público acudió a sus salas. Bonaparte, Balzac, Víctor Hugo, Malraux o Colette y la Bella Otero al igual que el Conde de Mornay.



Y vayamos ahora a la receta de este vol au vent de lenguado y gambas con salsa Mornay.

Para empezar haceros con unos volovanes de buena calidad, mejor encargárselos a una pastelería de vuestra confianza.


Empezaré diciendo que la salsa Mornay, es una bechamel a la que se añade unas yemas de huevo y queso rallado. Yo utilizo Cheedar.
Marcaremos en una sartén muy levemente unos filetes de lenguado y reservaremos. A continuación en esa misma sartén pocharemos una escalonia picada muy fina, añadiremos unos champiñones también finamente picados y flambearemos con Pernod ( se puede utilizar cualquier tipo de anís ) añadiremos unas colas de gambas peladas que retiraremos del fuego tras una muy leve cocción.
Es la hora de rellenar los volovanes, alrededor de ellos pondremos los filetes de lenguado y en el centro la "duxelle" (farsa) de gambas y champiñones. Cubriremos con la salsa Mornay e introduciremos en el horno a 200 grados hasta que tome algo de color.
Colocaremos sobre el plato de servir y añadiremos, si se desea, más salsa alrededor.



Un vino blanco de Borgoña, sería un gran aliado para acompañar tan histórica receta.




martes, 9 de septiembre de 2014

La Cerdanya.



Soy un apasionado de este valle, mitad en Francia, mitad en España.  He pasado prácticamente todos los veranos de mi vida aquí, y pocos los fines de semana durante el resto del año que dejo de acudir. Es lo que llamo " mi edén".

La Cerdanya reúne, entre otras cosas, dos de mis grandes pasiones, un entorno gastronómico inigualable y una de las densidades mayores de arte románico del continente.

Durante cada día del mes de Agosto, a excepción de una semana que me ausenté de la Cerdanya, a través del facebook, he ido publicando una iglesia románica de esta comarca. Veintitantas iglesias publicadas, y aún han quedado muchas en el tintero.



Pese a que histórica y geográficamente La Cerdanya se ha constituido desde siempre como una única unidad, a mediados del siglo XVII y como consecuencia del Tratado de los Pirineos (1659), el territorio quedó políticamente dividido entre Alta y Baja Cerdanya, quedando la Alta Cerdanya adscrita a territorio francés y la Baja bajo soberanía española, dividiéndose ésta a su vez entre las provincias catalanas de Lérida y Gerona.



En la Alta Edad Media, fue precisamente a través de dicha Stata Ceretana por donde primero bárbaros y después sarracenos invadieron el territorio de La Cerdanya, siendo estos últimos expulsados por los carolingios en el siglo VIII, constituyéndose entonces junto al Urgell una única entidad dentro del complejo entramado de los Condados Catalanes.



En lo eclesiástico, La Cerdanya quedó desde su constitución bajo jurisdicción de la Diócesis de Urgel, cuya mitra promovería la edificación de la mayoría de iglesias parroquiales fundadas en sus pequeñas localidades, las cuales, serían posteriormente donadas para su administración a distintos monasterios cercanos; principalmente Cuixà, Canigó, Sant Pere de Rodes o Tavèrnoles.



Un dato importante para comprender la historia de La Cerdanya, es cuando ésta en el S.XII cambia su capitalidad pasando de Ix a Puigcerdá.

La Cerdanya ha pertenecido a varios reinos y condados. Los primeros vestigios datan de los primeros Condes de Cerdanya nombrados por reyes Francos, el primero es Borrell de Osona (798 -812).  A partir del año 897 se empieza la dinastía propia de los Condes de Cerdaña hasta las capitulaciones que hace Wifredo el Belloso siendo Conde de Barcelona. El primer conde de Cerdaña es Miró II ( 897 - 927)  los Condes de Cerdaña reinarán hasta 1113, siendo Dulce de Provenza su último conde, pasando de nuevo al Condado de Barcelona siendo su último rey Ramón Berenguer IV, y el condado tras este corto espacio de tiempo 1113 al 1162 pasa a la Corona de Aragón, a la reina Petronila que rápidamente abdica en su hijo Alfonso II de Aragón y funda la Ciudad de Puigcerdá. Jaime I en 1276 pasa el condado al reino de Mallorca, que pertenece hasta  la muerte de Jaime III  en 1349  en que el reino de Mallorca vuelve a integrarse al Reino de Aragón.

Un punto de inflexión importante en la historia medieval de La Cerdanya fue la invasión cátara o albigense, acaecida entre finales del siglo XII y principios del XIII y que traería consigo el expolio y la destrucción de numerosos templos de la diócesis urgelitana, entre ellos, muchos del territorio que nos ocupa.


Podríamos dividir los edificios románicos de la Cerdanya entre aquellos que sobrevivieron a la devastadora incursión albigense, en los cuales es aún palpable la influencia Lombarda propia del primer románico y que en ocasiones, sobre todo en zonas aisladas, perduró hasta bien entrado el siglo XII; y por otro lado, aquellas que, tras ser destruidas por los herejes cátaros, fueron reconstruidas ya entrada la decimotercera centuria, siendo patentes en ellas el influjo del incipiente gótico.



Si algo caracteriza el románico de La Cerdanya es la proliferación de pintura románica: tanto sobre el propio muro, como, sobre todo, plasmada sobre madera en frontales de altar, procediendo de este territorio algunas de las más sobresalientes piezas de esta naturaleza conservadas en distintos museos españoles, como son los frontales de Soriguerola, Baltarga, Grèixel, Bolvir, Mosoll, Santa Coloma de Ger o Santa Eugenia de La Saga.
  

jueves, 5 de junio de 2014

Carta a Velázquez en el día de su cumpleaños

Querido maestro,

Ante todo, felicitarte en el día de tu cumpleaños. Aunque nacieras, un día como hoy en 1599 sigues estando joven y  lozano, por lo cual, ruego aceptes que te tutee.

Hoy, es un día que hace que especialmente me acuerde de ti, y quiero agradecerte el legado que nos has dejado.

Ya con una edad temprana te incorporarías al taller de Francisco Pacheco, que además de enseñarte el oficio te casarías con su hija Juana  de 15 años – Salúdala de mi parte  y ponme a sus pies. En aquella época era normal establecer vínculos de unión entre los artistas formando así una red de intereses que facilitaba trabajos y encargos.

Qué tal están tus hijas Francisca e Ignacia ? me imagino que estarán ya hechas unas mozas de buen ver.

De aquellos primeros tiempos de tu carrera artística ya nos empezaste a regalar con magníficas obras como el “Almuerzo” y “Vieja friendo huevos”. Sabes ? el primero se lo quedaron los rusos y se encuentra en El Hermitage de San Petesburgo, y “la vieja” está en la National Gallery de Escocia en Edimburgo. Están los dos en muy buen estado y los dos se conservan estupendamente. De vez en cuando hacen algún viaje para encontrarse con sus “hermanos”.




En aquellos primeros años tenías una clientela sevillana, mayoritariamente eclesiástica, y te demandaban temas religiosos, cuadros de devoción y retratos, por lo que tu producción  se volcó en los encargos religiosos, como la Inmaculada Concepción , La adoración de los Magos, Cristo en casa de Marta y de Maria o la Cena de Emaus. Pero el que realmente más me impresionó fue el retrato que le hiciste en 1620 a Sor Jerónima de la Fuente. Un cuadrazo !


Suerte también tuviste en que Gaspar de Guzmán, luego conde-duque de Olivares,  se convirtiera  en poco tiempo en el todopoderoso valido del nuevo rey Felipe IV y abogó porque la corte estuviera integrada mayoritariamente por andaluces. Tu suegro, Pacheco debió entenderlo como una gran oportunidad para ti, procurándose los contactos oportunos para presentarte en la corte. Me imagino que ya ibas para Madrid con la ilusión de pintar un retrato al nuevo rey, pero, no es que dejaran colgado pero casi casi. De regreso a tu Sevilla natal, a tu suegro le habían encargado más retratos y te pasó el encargo de retratar al poeta Luis de Góngora que era el capellán del rey. Yo me inclino a pensar que el joven monarca , seis años menor que tu, y, que había recibido clases de dibujo de Juan Bautista Maíno, al ver el retrato de Góngora supo apreciar de inmediato tus dotes artísticas. Y en 1623 se ordenó trasladar tu lugar de residencia a Madrid, nombrándote pintor del rey con un sueldo de veinte ducados al mes, ocupando la vacante de Rodrigo de Villandrando que había fallecido el año anterior. Y es ahí, donde empieza tu fulgurante carrera !!!.


Allí te hinchaste a pintar y pintar, retraste al rey infinidad de veces, de pie, a caballo, cazando. También a los infantes, pero realmente lo que más me sorprendió de tu prodigiosa carrera fue que pintaste con la misma dignidad a reyes que a enanos, a  infantas como a esclavos. Por cierto, cada vez que veo el retrato que le hiciste a tu esclavo Juan de Pareja me da un subidón. Es la mirada de Dios. Increíble. Te diré que a mi quizá sea una de tus pinturas que más me gusta.


Otro día te volveré a escribir para seguir comentando otros temas que en esta carta no he tratado como de  tu viaje a Italia para pintar al Papa Inocencio y hablar un rato de tus “Meninas”. Por cierto, en la última visita que hice a Madrid fui de nuevo a visitarlas, en una exposición que se habían puesto de acuerdo el Museo del Prado con el Museo de Historia Natural. La verdad es que me gusto mucho esa exposición.

Bueno, como te decía al principio de esta carta, mi motivo era felicitarte por tu cumpleaños.

Hasta pronto, tu siempre fiel admirador.


Alejandro

martes, 29 de abril de 2014

Yves Klein




Yves Klein (Niza 28 de abril de 1928 -París 6 de junio de 1962)

La mayoría de sus primeros trabajos eran pinturas monocromáticas en una amplia variedad de colores. A finales de los años 50, los monocromos de Klein se centraban en un color azul intenso, que patentó como el International Klein Blue, (IKB) o Azul Klein. 



Si el denominador común de estas obras era el ser monocromáticas, en la aplicación del color, el pintor jugó mucho más: primero experimentó con diferentes rodillos y esponjas, más adelante utilizó cuerpos de mujer, cubiertos de pintura, a las que hacía pasar por un lienzo o echarse sobre él. A este tipo de trabajo, lo llamó "antropometría”.

Aunque Klein empieza trabajando con los monocromos a mediados de los 50, acaba por rechazar el pincel porque lo consideraba un medio excesivamente psicológico, pasando a trabajar de forma directa con el cuerpo de las mujeres o como él les llamaba: "pinceles vivos". Esas antropometrias mantenían la distancia entre el creador y su obra, pues Klein, después de untar los cuerpos de sus modelos con pintura de su famoso azul Klein, montaba encima de una escalera e indicaba a las mujeres dónde ponerse para plasmarse contra el lienzo. En ocasiones las antropometrias se transformaban en performance, dónde el autor invitaba a un público reducido, y vestido él con traje empezaba a crear.




La obra de Klein se mueve en torno a conceptos influenciados por la filosofía Zen, que él mismo describe como "le Vide", "the Void" en inglés (el vacío). El "le vide" de Klein es una especie de nirvana que es "mudo" o posee pocas influencias de las palabras; se trata de una zona neutral donde uno mismo está inspirado a prestar atención sólo a sus propias sensibilidades, y queda expuesto a la "realidad" como oposición de la "representación". Klein presenta su obra en formas que son reconocidas como arte - pinturas, un libro, una composición musical - pero se encarga de eliminar el contenido de tal forma que se pueda realizar: cuadros sin pintura, libros sin palabras, composiciones musicales sin música, permaneciendo tan sólo la cáscara, tal y como si estuviera allí el arte. De esta forma Klein intentó crear para la audiencia sus "Zonas de Sensibilidad Pictórica e Inmaterial". De esta forma evitaba representar los objetos de una forma subjetiva o artística. Klein deseaba que sus obras se representaran por la huella que habían dejado: la imagen de su ausencia. El trabajo de Klein tiene referencias fuertes a los contextos teóricos/arte-históricos así como a la filosofía/metafísica, y su trabajo de alguna forma ayudó a combinar todos ellos. El intento fue claro: empujó a la audiencia y al público en general a experimentar un estado donde una idea pudiera simultáneamente ser "sentida" así como "comprendida".